Hace un tiempo solo eramos los usuarios de internet los enterados por el problema del canon y sus repercusiones en nuestra economia, ahora a partir del revuelo que ocasionó en el parlamento a raíz de su casi eliminación gracias al PP (que cosas más raras pasan en este pueblo) pero que se mantuvo por la oposición de PSOE, CHA, IU entre otros (adiós a mis posibles votos) se ha convertido en un asunto de primera plana y la gente de a pie se está dando de cuenta del tremendo gasto que supone este impuesto revolucionario, raro es el día que no te encuentras en el periódico algún artículo criticándolo u apoyándolo como en el caso del Gran Wyoming [1][2] sin duda todo este movimiento solo hace más que acercarnos al final de esta injusticia ya que los partidos políticos que colaboran con el soborno se están percatando del alto coste que supondrá en las urnas (Llamazares admite que la SGAE le ha puesto en un dilema).
¿A que viene todo esto? Tan solo queria compartir esta columna obra de Lucia Etxebarria la cual se ha publicado en el adn:
Incitación al delito
Yo hasta ahora era una proba y honesta ciudadana, de intachable comportamiento. Puede que mi moral sea dudosa según y para quien, pero pago religiosamente mis impuestos y mis antecedentes penales están en blanco. En el mercado, cargo las bolsas de las ancianitas cuando han de subir o bajar escaleras y le doy un euro al chico negro que vende La Farola en la puerta. Siempre dejo propina en los bares y me dirijo a los camareros utilizando “por favor” y “gracias”. Pero ahora descubro que estoy colaborando con el crimen.
Porque se supone que el empresario que paga el impuesto revolucionario o el dueño del bar de Harlem que paga a Los Pichicateados para que “le protejan” el negocio (o sea, para que no se lo destrocen ni ellos ni otra banda) es cómplice del criminal. Y yo, que compro casi diez disquetes a la semana, para almacenar textos y fotos, y que me acabo de comprar un disco duro externo, estoy pagando unos cuantos céntimos por disquete, más 15 euros por el disco duro, en concepto de canon. Es decir, he pagado para compensar a los artistas por los actos de los que piratean. Con lo que se entiende que la piratería ya está aceptada socialmente y casi se diría que la SGAE (de la que soy miembro) me está incitando a bajarme canciones del E Mule (hasta ahora no lo había hecho), porque digo yo que tendré que amortizar la pasta que he apoquinado. Pero ya dijo Napoleón: los crímenes colectivos a nadie comprometen.
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